Emprendedores y doctorado

una imagen de la U. de Occidente

Este curso académico que acabará el 30 de Septiembre me ha resultado, desde el punto de vista docente uno de los más interesantes. Quiero creer que no es casualidad que me haya visto envuelto en tres ideas que podrían convertirse, con un poco de esfuerzo, en proyectos muy interesantes. Las características fundamentales de estas ideas son: están basadas con mi tema de investigación, que los alumnos que intervienen están inicialmente muy motivados y, finalmente, que el desarrollo de la idea envuelve investigación científica. En alguna ocasión, alumnos con inquietudes me han planteado sus dudas acerca de seguir con estudios de postgrado. Mi respuesta/discurso consiste fundamentalmente en las siguientes ideas:

  1. Si la idea/germen del proyecto no requiere una considerable porción de tareas investigadoras (aunque necesite el aprendizaje en nuevas tecnologías), les recomiendo que hagan un máster de creación/administración de empresas de innovación. Es más, incluso les aconsejaría uno que no fuera heredero de un programa de doctorado de carácter económico (la transformación de doctorados en másters es un efecto secundario del proceso de Bolonia). Deberían cursar uno que tuviese una reputación conseguida con los años. Les va a ser mucho más útil que dedicarse a investigar. Aunque se podría dudar de las ventajas que proporciona un plan de negocio, la formación que se obtiene es muy enriquecedora. De esta forma podrían escalar o mantener un status decisivo en su proyecto empresarial.
  2. Si la idea/germen necesitará de nuevas herramientas y desarrollar una nueva concepción científica en la gestión de la información, entonces les recomiendo que cursen un programa de doctorado. Aunque en España –a pesar de los esfuerzos– el doctor es una rara avis en el entramado de las empresas tecnológicas en Internet, no es así fuera de España, donde la estima a los doctores es mucho mayor. Y con atrevimiento, aunque reconozco que aquí no soy totalmente objetivo, les recomendaría uno con marcado carácter científico.

Por supuesto, mi interés personal -posiblemente por deformación profesional- se centra en los proyectos del segundo tipo. También es cierto que requieren una mayor dedicación, esfuerzo y son más ambiciosos. Siempre que una idea se basa en el desarrollo y aplicación de nuevos resultados científicos, las consecuencias son más difíciles de prever e incluso de aceptar. Cuando un alumno me ha venido con una idea muy prometedora, y les hago ver las consecuencias últimas de su aplicación en Internet, muchas veces sonríen incrédulos ante el futuro que les planteo. Pero han de saber que casi todas las empresas de éxito (entre ellas Google) nacieron de una idea que alguien supo ver como el germen de un proyecto de consecuencias globales.

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