Documentos audiovisuales como soporte de redes sociales móviles

Esquema de la Web 2.0 móvil

Los días 11 y 12 de Junio asistí a las VII Jornadas sobre tendencias e innovación de la producción y distribución en el audiovisual, organizadas por la Fundación Audiovisual de Andalucía. Mi interés se centraba, debido al proyecto que dirijo dentro del Proyecto Minerva, en atender a las charlas sobre las tendencias en vídeos en móviles (televisión, DVB-H, etc.), aunque, realmente, no se trató en ninguna de las charlas el impacto de las redes sociales en móviles. Ahí va, como siempre, un breve resumen de lo que me interesó más de estas jornadas:

  1. El desarrollo de la TDT, de obligado cumplimiento antes del apagón analógico, no está en absoluto relacionado con el futuro de la TDT interactiva. De hecho, los experimentos de implantación de Islas digitales donde la TDT interactiva es aplicada, presenta un panorama más bien incierto. Nada de lo que se presentaba allí como avance en este campo ofrecía una ventaja sobre tener, simplemente, Internet en casa.
  2. La televisión en movilidad, bajo DVB-H, uno de los campos de actuación de Minerva, presenta algunas dificultades (aunque menores que las de el vídeo bajo demanda).
  3. Los tres operadores principales de telefonía móvil no parecían muy interesados con el DVB-H, pues bajo los estándares actuales ya ofrecen televisión en el móvil bajo subscripción. Y no parecía que tuvieran muy claro lo que ocurrirá con las tarifas de telefonía, Internet y televisión. Y para ellos la Web 2.0 móvil era la simple extensión de la Web 2.0 de Internet al móvil.
  4. Sin duda, la mesa redonda que finalizaba la primera jornada fue la más interesante. Ramón Compañó, del Instituto de Prospectiva, (organismo de la UE) fue meridianamente claro (aunque parecía que predicaba en el desierto): El futuro de lo audiovisual para móviles es la producción social de los vídeo-documentos. Un próximo informe de Instituto presentará los resultados acerca de este futuro en la comunicación audiovisual con móviles. De hecho, la primera charla del segundo día, a cargo de Javier Alonso de Youtube-Google España, ahondó en la idea de que la producción social de contenidos es el futuro inmediato.
  5. En la segunda jornada, asistí (una vez más) a una discusión sobre los derechos de autor. Gonzalo Espondaburu (SGAE), Rafael Sánchez de EGEDA defendieron las posturas oficialistas de esas dos entidades ante Miguel Pérez Subias, presidente de la Asociación de Internautas. Mi impresión es que las dos entidades de gestión no aceptan lo que cualquiera con cierta experiencia en Internet ya ha asumido: el negocio de la cultura deja de ser un negocio oligopolístico y se convierte en una red de iniciativas diversas encaminadas a la difusión de la cultura, caracterizado principalmente por el desalojo de intermediarios entre autor y consumidor. Se basará en lo que los expertos denominan swarm business models. Mientras que las asociaciones de defensa de los derechos de autor no den por perdida la batalla en ese campo, consideren la autoría como un bien del autor y no como una mercancía, no encontrarán nuevas formas de ganar dinero. Me parece sorprendente que mientras en EEUU y en el Reino Unido se han experimentado exitosas fórmulas de distribución de contenidos por Internet, aquí sólo piensan en intentar recaudar de las operadoras y acabar con las redes P2P, tareas ambas imposibles.

En cuanto a mis temas de interés, las jornadas dejaron meridianamente claro que no contemplan el nacimiento de la Web 2.0 móvil (entendida no como una extensión de la Web 2.0 existente, sino como un nuevo campo de social networking) como el motor de desarrollo de la Web ubicua y la gestión de contenidos en el móvil. Y principalmente, en cuanto a la gestión de documentos audiovisuales. Sin embargo, este es un tema de investigación incipiente y muy prometedor para la Inteligencia Artificial, pues permite la gestión de sistemas multiagentes móviles para multitud de tareas y redes, con especial influencia de la red social como red compleja. Como he comentado, sólo Ramón Compañó, del Instituto de Prospectiva, apostó por ese futuro.

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