El estigma de la Inteligencia Artificial, la divulgación del conocimiento y la Web 2.0

imagen de un cerebro con localización de donde se presume que se hacen ciertas tareas
El estigma que surgió en el mismo nacimiento de la Inteligencia Artificial (IA) -en la conferencia de Darmouth– sigue ahí. Me refiero, claro está, a definir el objetivo de la IA como la consecución de un ser inteligente artificial. Lo curioso es que ahora lo conservan y mantienen tanto los especialistas cuando imparten conferencias generalistas (lo cual es, hasta cierto punto, inevitable) como los profanos en la materia que desean llamar la atención. Estos últimos, entre los que se incluyen periodistas (profesionales y aficionados, bloggers, etc.) producen un efecto devastador sobre la imagen de la IA. Desvirtúan muchos de los progresos que se hacen y se harán mediante metáforas completamente desafortunadas, que siempre dejan entrever más de lo que realmente se ha conseguido. Utilizar símiles antropomórficos para programas o agentes software fuera de la comunidad científica induce a errores de percepción muy peligrosos. Por ejemplo, el lector profano puede creerse completamente el símil (y creer que se ha avanzado espectacularmente en el desarrollo de agentes racionales artificiales) o, lo que es peor, no creerse absolutamente nada porque percibe que el resultado publicitado es inalcanzable (y rechazar como falso importantes avances).

En una entrada anterior sobre el problema de la difusión científica no hacía referencia a este aspecto, pero, en realidad, está muy relacionado. Ceder la difusión especializada a entidades privadas (lo que desgraciadamente sufrimos ahora) es un problema tan grave como el hecho de ceder la divulgación de los logros a blogs de aficionados, sitios de promoción de noticias, periódicos generalistas, revistas divulgativas de carácter amarillista, etc. El daño, aunque de distinto tipo, es mucho mayor porque esos artículos no pasan ningún tipo de revisión por especialistas con formación en divulgación (salvo honradas excepciones). Todos nos hemos encontrado alguna vez con un artículo sobre algo de lo que ha estudiado lleno de dislates. Incluso, con la convicción de que el autor del artículo se ha limitado a transcribir palabras clave sin saber de lo que habla (como ocurrió cuando se demostró el último teorema de Fermat, donde se podía encontrar artículos claramente errados, incomprensibles o amarillistas).

¿Cómo podríamos intentar resolver esto? Aquí la respuesta de la entrada anteriormente citada sí es válida: ecosistema de blogs académicos. En mi opinión, una de las mejores soluciones pues se apoya en una tradición Web 2.0 ya asentada con éxito. Por experiencia sé que cuando uno intenta escribir en un blog sobre su trabajo intenta, inconscientemente, usar un estilo divulgativo (otra cuestión es que se consiga). No es incompatible escribir una entrada divulgativa con un enlace a los resultados técnicos a los que hace referencia el autor, para que, mediante enlaces, se pueda nivelar la complejidad del conocimiento que deseamos comunicar. De hecho, es una buena forma de presentar nuestros trabajos más allá del sucinto abstract que siempre los acompañan.

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