Funciones de reputación, valor del conocimiento y redes sociales

red social del nuevo testamento

Muchas de las redes sociales basadas en la aportación de información y/o conocimento por parte de los usuarios utilizan funciones de reputación para estimar el interés de cada información aportada y, en definitiva, para estimar la confianza en el usuario (son su incidencia en la confianza de la información que aporta éste). Las funciones de reputación suelen ser numéricas, y basadas en factores que son adaptados durante las primeras etapas de la red.

En un contexto de Web Semántica -con independencia de la confianza que ésta promueve- este tipo de aproximaciones lastran, a mi juicio, deficiencias evidentes. La calidad del conocimiento no puede ser medida mediante una función numérica, a no ser que ésta dependa en cierta organización del conocimiento proporcionado por una ontología. En una próxima entrada trataré este problema. Previamente, es necesario comentar algunas limitaciones actuales de las funciones de reputación:

  1. La posibilidad de que alguien encuentre la forma de maximizar la función de manera artificial es bastante probable con el paso del tiempo. Es necesario puntualizar, de todos modos, que la optimización no sería fácilmente automatizable debido a que ciertos parámetros dependen de flujos de datos y no sólo de datos.
  2. La inteligencia colectiva juega, precisamente, en contra de una función justa si el número de usuarios muy activos es relativamente pequeño con respecto al número de visitantes. Es decir, si por ejemplo existe coordinación emergente mediante relaciones intra-red (que incluso pueden ser ajenas a la propia temática de la red). Este tipo de comportamientos colectivos podría en casos extremos sintetizar mecanismos de exclusión a largo plazo, mediante acciones coordinadas que desvirtuen el valor de la función de reputación.
  3. En menor grado, la semiótica emergente juega en contra de la expansión de la red. El nacimiento de un lenguaje propio y exclusivo en una red con mucha interacción puede hacerla poco atrayente a los nuevos usuarios. No existe, que conozca, ninguna función que estime este parámetro de manera fiable, y es muy importante tenerlo en cuenta por parte de los administradores (para poder reformar la función de reputación).
  4. La limitación puramente matemática. Es muy difícil (por no decir imposible), pensar que un sistema dinámico de este tipo va a tener la estabilidad suficiente como para que la función no alcance máximos locales inesperados en ciertos estados. De hecho, en la propia reformulación de la función se puede provocar su existencia. Está claro que ante una situación extrema el administrador estará obligado a hacer cambios que no están justificados en los documentos donde se expresaba las reglas básicas de funcionamiento. Este tipo de situaciones son tremendamente impopulares en las redes de usuarios más críticos (como pueden ser los defensores del software libre), pues se considerarían de carácter “antidemocrático” y precisan de una completa justificación. Curiosamente, en proyectos de carácter masivo como Youtube, stage6 o flickr se admite como natural la censura por parte de los administradores (y a juicio de éstos). Sin embargo, en general, cuando la función de reputación o popularidad es explícita y los usuarios pueden influir en sus valores de manera manifiesta, una decisión no documentada previamente por parte del usuario será muy discutida y podría incluso provocar abandonos.

En el caso de una red Metaweb aparece, adicionalmente, la necesidad de combinar esta función con parámetros asociados al conocimiento. La aproximación que vamos a adoptar en el proyecto que comenté en el post anterior va a ser muy novedosa: estimaremos la similaridad entre la ontología pensante del usuario (calculada por el sistema) con la ontología de conocimiento común de la comunidad de usuarios. Es decir, será más confiable aquel usuario que acepte con el tiempo los compromisos ontológicos generados por la comunidad (mediante stream mining). Esta es la idea con la que partimos. El problema que puede plantear la semiótica emergente estaría resuelto (punto 3). Los máximos en la función de reputación coincidirían con la aceptación de la ontología del sistema como la propia (y por tanto redundaría en la calidad del conocimiento). Sin embargo, no tengo claro, por ahora, como evitar las otras dos dificultades. Si bien existe la posibilidad de que un número pequeño de usuarios activos puedan dirigir el funcionamiento diario de la red (punto 2) en este caso el peligro no estribaría tanto en ésto como en que alteren sustancialmente la ontología extraída del sistema. Con respecto al primero, sería en principio irrelevante si medimos confianza: encontrar un máximo significaría la aceptación de la organización del conocimiento que hace la comunidad. Si medimos sólo reputación, el problema no estaría resuelto (por ahora, aunque estamos analizando varias posibilidades).

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